El desafío de la baja temporada: cómo se prepara el sector turístico de El Calafate para sostener el movimiento invernal

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Junio arranca con Aerolíneas Argentinas como única aerolínea comercial operando en la ciudad. Flybondi suspendió y JetSmart no vuela hasta septiembre. El sector hotelero apuesta a las vacaciones de invierno de julio con una novedad: por primera vez, hoteles que históricamente cerraban en invierno anuncian que se quedan abiertos.

El mapa aéreo de junio: solo Aerolíneas, solo Buenos Aires

La temporada baja llegó con toda su contundencia al Aeropuerto Internacional Comandante Armando Tola de El Calafate. Tras la salida de JetSmart —que operó hasta el 28 de abril— y la reducción drástica de Flybondi —que realizó su última conexión el 27 de abril y no retomará hasta septiembre—, Aerolíneas Argentinas quedó como la única empresa que vuela a El Calafate durante esta etapa, con 111 frecuencias programadas para el mes, mientras que las 16 restantes estarán a cargo de LADE.

La conectividad con el interior del país quedó dañada. El último vuelo hacia Córdoba operó el 2 de abril, y la conexión con Bariloche quedó desactivada el 5 del mismo mes. Durante junio, el viajero que quiera llegar a El Calafate desde cualquier punto del país que no sea Buenos Aires tiene que hacer escala o resignarse.

Esto tiene un efecto concreto sobre el comercio céntrico: el perfil del visitante de junio es casi exclusivamente el turista que llega desde Buenos Aires o el extranjero que ya tiene El Calafate dentro de un circuito patagónico planificado. El turista espontáneo del interior del país, que podría venir en un fin de semana largo, no tiene vuelo directo.

La tendencia que cambia el juego: reservas de último momento y estadías cortas

Una de las tendencias más marcadas es el crecimiento de las reservas realizadas pocos días antes del viaje. «Se observa con mayor claridad una tendencia hacia reservas de último momento (last minute), lo que impacta directamente en la previsibilidad de la ocupación», explicó Diego Coll Benegas, CEO de Turismo Doss.

Esta transformación del comportamiento del viajero es una oportunidad y un problema al mismo tiempo. Es una oportunidad porque el destino puede captar turistas que deciden en 72 horas con ofertas de último momento. Es un problema porque los hoteles y prestadores de servicios no pueden planificar su dotación de personal ni sus compras con un horizonte tan corto.

Durante los meses de temporada media y baja predominan las estadías breves, de entre dos y tres noches, en muchos casos vinculadas al turismo interno que combina destinos como El Calafate, El Chaltén y Ushuaia. Esto reduce la permanencia promedio en la ciudad, pero mantiene el flujo de visitantes activo si la conectividad aérea lo permite.

La apuesta del sector hotelero: quedarse abiertos cuando antes cerraban

La señal más clara del cambio de estrategia del sector viene de uno de los hoteles más representativos de la ciudad. Por primera vez, Turismo Doss mantendrá abierto su hotel Esplendor El Calafate by Wyndham durante la temporada invernal, con reapertura prevista para el 1 de julio. Hasta esta temporada, el establecimiento cerraba en mayo y reabrías en agosto. La decisión de mantenerse operativo en julio responde directamente a la expectativa de captar el flujo de las vacaciones de invierno, un período que en los últimos años mostró un desempeño sólido en El Calafate.

La medida no es menor como señal para el resto del sector: si un hotel de categoría decide que el invierno ya justifica estar abierto, el ecosistema de prestadores —restaurantes, excursiones, alquileres de autos— tiene un argumento adicional para sostener su operación en los meses históricamente flojos.

El nicho que puede salvar junio: el turista internacional de invierno

El turismo internacional es el factor diferencial que distingue a El Calafate de otros destinos patagónicos en temporada baja. Mientras que en Bariloche el invierno está garantizado por la nieve y el esquí, El Calafate tiene su propia propuesta única: el Glaciar Perito Moreno no se detiene en invierno. Al contrario, las condiciones de luz de junio y julio —largas horas de oscuridad, cielos despejados y temperaturas extremas que potencian los crujidos del hielo— generan una experiencia diferente y buscada por viajeros europeos y brasileños que ya conocen el verano patagónico.

Julio, con las vacaciones de invierno, es temporada alta con precios más altos. Junio y agosto son opciones más económicas con similar disponibilidad, lo que convierte a junio en una ventana de precio accesible para el turista que quiere la experiencia sin el costo pico.

La conexión con San Pablo —que Aerolíneas Argentinas sostuvo en inviernos anteriores con dos frecuencias semanales— es uno de los activos más valiosos para aprovechar este nicho. Si esa ruta se mantiene activa en 2026, el flujo brasileño puede ser el oxígeno del sector en los meses de menor demanda nacional.

El pulso del comercio céntrico: entre la resistencia y la adaptación

Para los negocios de la Avenida del Libertador y las calles adyacentes, junio y los primeros días de julio son siempre los más exigentes del año. Los restaurantes reducen horarios, algunos comercios directamente cierran o trabajan con mínimo personal, y el movimiento en la calle cae de forma notoria comparado con enero o febrero.

La diferencia respecto de años anteriores es que cada vez más comercios entienden que la temporada baja no es pausa sino transición, y que el turista de invierno —aunque menos voluminoso— tiene un ticket promedio de gasto más alto que el turista de temporada alta masiva. El viajero que viene a El Calafate en junio lo planificó, viene a gastar y no está compitiendo con colas en el glaciar ni precios inflados por la demanda.

La variable que el sector no controla: la conectividad

El gran punto de tensión que el sector turístico no puede resolver por sí solo es la frecuencia aérea. Cada vuelo que llega a El Calafate en invierno es un bloque de turistas que activan la cadena completa: transfer, hotel, restaurante, excursión, souvenir. Cada vuelo que se cancela o que viene con plazas vacías es un impacto directo en la recaudación de toda la ciudad.

La gestión de vuelos en temporada baja no es solo un tema de Aerolíneas Argentinas: es una política pública que requiere coordinación entre el Municipio, la Secretaría de Turismo provincial y la aerolínea de bandera. El invierno de 2026 será una nueva prueba de qué tan bien funciona esa coordinación.

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