¿Creés que ya conocés todo sobre el rincón más espectacular de la Patagonia? Estas cinco historias demuestran que hay mucho más detrás de los paisajes que todos fotografían. Desde la montaña más temida del alpinismo mundial hasta el pueblo que nació de una disputa armada con Chile, el sur de Santa Cruz esconde capas de historia, ciencia y misterio que vale la pena conocer.
1. El Fitz Roy
Con apenas 3.405 metros de altura, el Cerro Fitz Roy de El Chaltén no figura entre los picos más elevados del planeta. Y sin embargo, los escaladores más experimentados del mundo lo respetan más que al Everest.
La primera ascensión al Fitz Roy la logró recién en 1952 una expedición francesa encabezada por Lionel Terray y Guido Magnone, después de días de escalada por el espolón sur. Que hayan tardado tanto en conquistarlo —siendo que la montaña ya era conocida desde mucho antes— dice todo sobre su dificultad real.
El problema no es la altitud: es la geometría. Sus paredes de granito son casi verticales, sus grietas impredecibles y su clima, sencillamente traicionero. Como lo describió una médica y rescatista con experiencia en las cumbres europeas: «Acá, como hay tanto mal clima, escalarlas no es fácil. Vos podés estar preparado, ser un muy fuerte escalador, pero si hiciste mal la estrategia para llegar, la montaña te baja.»
El nombre Chaltén proviene de la lengua tehuelche y significa «montaña humeante», porque las nubes que coronan casi constantemente su cima llevaron a los pueblos originarios a creer que se trataba de un volcán. Para ellos, la montaña era sagrada. Doscientos años después, los alpinistas más experimentados del planeta todavía bajan la cabeza ante ella.

2. El Perito Moreno ya no es el glaciar rebelde que conocías — y eso debería preocuparnos
Durante décadas, el Glaciar Perito Moreno fue la gran excepción del planeta: mientras el resto de los glaciares del mundo retrocedían ante el calentamiento global, él se mantenía estable. Era el símbolo viviente de la resiliencia patagónica.
Eso cambió. Desde 2019, el Perito Moreno atraviesa su mayor retroceso en al menos un siglo, en un proceso que varios científicos califican de «irreversible». La tasa de adelgazamiento en el frente del glaciar pasó de 0,34 metros por año entre 2000 y 2019 a un promedio de 5,5 metros por año entre 2019 y 2024.
En algunas áreas de su frente, el glaciar ha retrocedido más de 800 metros desde 2019. Para comparar: entre los años 2000 y 2019 apenas había retrocedido unos 100 metros en total.
Los científicos identificaron cinco factores que explican el cambio: el calentamiento atmosférico en la región, morenas frontales subacuáticas descubiertas en 2023, el acelerado retroceso del frente, el aumento de la velocidad de flujo del hielo superficial y la fuerte disminución del espesor del glaciar.
El espectáculo de los desprendimientos de hielo y los estruendos que se escuchan desde las pasarelas sigue siendo único en el mundo. Pero la ciencia dice que el tiempo para verlo —tal como lo conocemos— es finito. Ir es, hoy más que nunca, un acto de urgencia turística.

3. El Chaltén nació de una disputa armada con Chile — y con 41 habitantes en el primer censo
La mayoría de los turistas que llegan a El Chaltén con su mochila cargada y sus bastones de trekking no saben que están pisando un pueblo que no debería existir.
En 1965 se produjo un breve enfrentamiento armado en la zona del Lago del Desierto entre la Gendarmería Nacional argentina y los Carabineros chilenos. Esa escaramuza puso sobre la mesa una disputa territorial que llevaba décadas sin resolverse.
La respuesta de Argentina fue crear un pueblo. El 12 de octubre de 1985, el gobernador de Santa Cruz, Arturo Puricelli, decretó la fundación de El Chaltén en una zona prácticamente deshabitada de la cordillera patagónica. El objetivo era consolidar la presencia argentina en una región estratégica entre el Lago Viedma y el macizo del Cerro Fitz Roy.
El primer censo, en 1991, arrojó apenas 41 habitantes estables. Hoy recibe cientos de miles de turistas por año y es reconocido internacionalmente como la Capital Nacional del Trekking. Esa declaración oficial llegó el 28 de julio de 1994, el mismo año en que un tribunal internacional le otorgó definitivamente a Argentina la soberanía sobre la zona del Lago del Desierto.
El pueblo que nació para marcar territorio terminó siendo el paraíso de los mochileros del mundo.

4. A metros del centro de El Calafate, los flamencos rosados caminan sobre el hielo en invierno
Hay algo que sorprende a casi todos los turistas que llegan a El Calafate: a menos de un kilómetro del centro de la villa, entre los hoteles y los locales de la Avenida del Libertador, existe un santuario de aves silvestres donde los flamencos rosados conviven con cisnes de cuello negro, cauquenes y más de 130 especies registradas.
La Reserva Natural Municipal Laguna Nimez es una reserva urbana de aproximadamente 60 hectáreas creada en 1986 que combina un sistema de lagunas, pastizales inundables, juncales, estepa patagónica y la costa del Lago Argentino. Es una de las áreas protegidas municipales más antiguas del país.
Pero el dato que más sorprende es el invernal. Se trata del flamenco más austral de los tres que habitan el continente, y es autóctono. Migra en invierno, pero como estos son cada vez más suaves, muchos ejemplares ya no tienen energía suficiente para volar y se quedan. Se han contado hasta 200 flamencos en pleno invierno en la zona de la Bahía Redonda cuando el agua se congela —una imagen rarísima: flamencos rosados caminando sobre el hielo.
El sendero interpretativo tiene tres kilómetros, entrada de bajo costo y lleva directamente a la orilla del Lago Argentino. Es la excursión más accesible de El Calafate y, paradójicamente, una de las menos conocidas.

5. Tres Lagos: el pueblo que nació de una herrería, existió antes que El Calafate y tiene el bosque petrificado más austral de América
Mientras El Calafate se convirtió en la puerta de los glaciares y El Chaltén en la meca del trekking, Tres Lagos siguió siendo lo que siempre fue: un punto de cruce silencioso en la estepa patagónica donde la Ruta 40 se cruza con el tiempo.
Su origen se remonta a 1925, cuando Fausto Vallina se estableció con una herrería en el lugar. El caserío que creció alrededor se llamaba originalmente Piedra Clavada, por el monolito natural de más de veinte metros que parece desafiar la gravedad en los alrededores. En 1937 recibió el reconocimiento institucional como pueblo y cambió su nombre a Tres Lagos, en referencia al cruce de caminos que llevan a los lagos Viedma, Tar y San Martín. Para tener dimensión: cuando Tres Lagos ya era un pueblo, El Calafate era apenas un caserío y El Chaltén no existía.
A 20 kilómetros al sudeste del pueblo se puede visitar el bosque petrificado más austral de América del Sur, de 90 millones de años de antigüedad, donde se conservan árboles de hasta 90 metros de altura en posición de vida. Un bosque que sobrevivió la extinción de los dinosaurios, enterrado durante millones de años en la estepa patagónica, a pocas horas de El Calafate.




