El mapa del retroceso: cómo el cambio climático está redibujando los glaciares del Campo de Hielo Patagónico Sur

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Mientras el Perito Moreno acapara titulares por su resistencia histórica, hoy en revisión científica, otros glaciares del Parque Nacional Los Glaciares registran décadas de retroceso documentado. El Upsala, el Spegazzini y el resto del Campo de Hielo Patagónico Sur cuentan una historia que el CONICET monitorea año a año y que El Calafate tiene la obligación de entender.

El Campo de Hielo Patagónico Sur es la tercera reserva de agua dulce más grande del planeta después de los polos, y la única de las tres que se puede llegar caminando desde una ruta asfaltada. De él nacen más de 48 glaciares que drenan sus aguas hacia el Pacífico y el Atlántico, en un territorio compartido entre Argentina y Chile que cubre aproximadamente 12.000 km² de hielo permanente. Es, en términos estrictos, uno de los activos ambientales más extraordinarios que existe en el hemisferio sur.

Y está cambiando. No a la velocidad dramática de un noticiero, sino con la lentitud implacable de los procesos geológicos acelerados por el calentamiento global. Los glaciólogos del IANIGLA-CONICET que monitorean la región año a año documentan lo mismo que las imágenes satelitales muestran con una claridad que no requiere interpretación: la gran mayoría de los cuerpos de hielo del Campo de Hielo Patagónico Sur retroceden. Algunos, como el Upsala, lo hacen de forma espectacular. Otros, más silenciosamente. Pero el vector es el mismo en casi todos los casos.

EL GLACIAR UPSALA: EL EJEMPLO MÁS ELOCUENTE DEL RETROCESO

El Upsala es el glaciar más extenso de Argentina y uno de los más grandes de América del Sur: mide aproximadamente 60 km de largo y ocupa una superficie de alrededor de 870 km². También es, en las últimas décadas, uno de los casos más documentados de retroceso glaciar en la Patagonia.

Su frente ha retrocedido varios kilómetros en los últimos años, perdiendo superficie de contacto con el agua y modificando de forma radical la dinámica de navegación en el brazo Upsala del Lago Argentino. La proliferación de témpanos flotantes desprendidos del frente —algunos de dimensiones considerables— transformó el corredor de navegación hacia el glaciar en un recorrido que hoy los guías de excursión describen como un laberinto de hielo que no existía hace veinte años.

Lo que antes era una muralla de hielo que llegaba hasta la orilla del lago es hoy, en varios sectores, una línea de retroceso rodeada de aguas abiertas donde antes había hielo compacto. Para los científicos, ese espacio entre el agua y el nuevo frente del glaciar es un libro abierto sobre las décadas perdidas.

EL GLACIAR SPEGAZZINI: GRANDEZA QUE TAMBIÉN CEDE

El Spegazzini no tiene la fama masiva del Perito Moreno ni el tamaño récord del Upsala, pero para quienes lo han visto en persona es, posiblemente, el glaciar más impresionante de todos: sus paredes frontales superan los 130 metros de altura sobre el nivel del lago, haciendo que los barcos de excursión que se acercan parezcan juguetes frente a una catedral de hielo azul.

Esa grandeza visual no lo inmuniza frente al proceso global. Los monitoreos periódicos del IANIGLA-CONICET indican una pérdida paulatina de masa en sus zonas de acumulación superiores, las mismas que alimentan el glaciar con nieve nueva cada invierno. Cuando esas zonas pierden más de lo que acumulan, el equilibrio se rompe. El Spegazzini, con sus paredes intactas de cara al lago, acusa ese proceso en las alturas donde el turista no mira.

EL FACTOR CLIMÁTICO: POR QUÉ OCURRE Y POR QUÉ ACELERA

El mecanismo que explica el retroceso de los glaciares patagónicos no es un misterio científico: es física aplicada al cambio climático global. El incremento de la temperatura media global —documentado en alrededor de 1,1°C por encima de los niveles preindustriales desde fines del siglo XX— tiene dos efectos directos y simultáneos sobre los glaciares de la región.

El primero es la reducción de las nevadas en las zonas de acumulación de alta montaña, que son las que «recargan» el glaciar con nuevo hielo. Cuando llueve en lugar de nevar en esas altitudes, el agua escurre en lugar de acumularse. El segundo es el calentamiento de los lagos glaciares, que erosiona el frente del glaciar por debajo de la línea de flotación con una eficiencia que el hielo no puede compensar.

La combinación de ambos procesos explica por qué el retroceso glaciar en el Campo de Hielo Patagónico Sur se aceleró de forma notable en los últimos años. No es un fenómeno lineal ni predecible con precisión, pero la tendencia es inequívoca y la documentan año a año investigadores del IANIGLA-CONICET, del Centro Austral de Investigaciones Científicas (CADIC) y de instituciones científicas de Chile, Alemania, Francia y Estados Unidos que colaboran en el monitoreo de la región.

LO QUE ESTÁ EN JUEGO: AGUA, IDENTIDAD Y SOBERANÍA

Los glaciares del Campo de Hielo Patagónico Sur no son solo postales. Son reservas de agua dulce que alimentan los ríos patagónicos, sostienen el equilibrio hídrico de una región enorme y representan una de las pocas fuentes de agua sólida disponible para las generaciones futuras en un planeta que se calienta.

Para El Calafate, esa dimensión tiene un nombre propio: la Ley de Glaciares —Ley 26.639— que protege las masas de hielo y el permafrost como bienes públicos nacionales, prohíbe la minería y la extracción de recursos en zonas glaciares y periglaciares, y obliga al Estado a mantener un inventario actualizado de los glaciares del territorio nacional. Es el escudo legal más importante que tiene la Patagonia para proteger lo que el termómetro amenaza, y enfrenta debates políticos que desde El Calafate conviene seguir con atención.

El retroceso de los glaciares es lento. La pérdida de la ley que los protege puede ser mucho más rápida.

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