No son los glaciares los que traccionan la ocupación este fin de semana. Es el autódromo. Con el inicio de la 3° fecha del campeonato municipal en el Quique Freile, equipos de Río Gallegos y la Cuenca Carbonífera ya están llegando a la ciudad. Las cabañas y apart-hoteles anotan un repunte que nadie esperaba para mayo.
Hay un fenómeno que El Calafate empieza a conocer bien. Cada vez que el Autódromo Municipal Enrique «Quique» Freile tiene actividad, la ciudad lo siente: combustible, mecánicos, pilotos, familiares, hinchas. Toda una cadena que se mueve con los autos y que se distribuye en hoteles, restaurantes y comercios de la ciudad.
Este fin de semana, con el inicio administrativo de la 3° fecha del Campeonato Municipal de Automovilismo, ese efecto se vuelve a manifestar. Los equipos de Río Gallegos, de la Cuenca Carbonífera —Río Turbio, 28 de Noviembre— y de localidades cercanas ya comenzaron a llegar a El Calafate. Y con ellos, una ocupación de cabañas y apart-hoteles que sorprendió a más de un prestador para un fin de semana de mayo.

La lógica del turismo deportivo
El fenómeno no es casual ni nuevo. Lejos de ser solo una fecha más en el calendario, el automovilismo en El Calafate se traduce en un impacto social y turístico concreto para la ciudad, con miles de aficionados, equipos y visitantes que generan actividad en toda la cadena de servicios. Lo que cambió es la escala: ya no se trata solo de las grandes fechas del Turismo Carretera —que en febrero de 2026 trajo fanáticos de Brasil, España, Israel, Venezuela y Chile— sino de que el campeonato municipal propio empieza a generar su propio círculo virtuoso.
El Autódromo Enrique «Quique» Freile fue inaugurado el 15 de abril de 2023 y tiene un trazado de 3.800 metros con 15 curvas, lo que lo convierte en un circuito técnico y desafiante. Desde su apertura, fue sede del TC, el TC Pista y el Turismo Nacional, y también aloja el campeonato municipal con categorías locales que convocan cada vez más competidores y público.
Más allá de la carrera: el impacto en la economía local
El «efecto derrame» del automovilismo tiene una lógica simple pero poderosa. Un equipo que viaja desde Río Gallegos trae al menos un piloto, un mecánico y una camioneta. Suma familiares, amigos y seguidores. Todos comen, muchos duermen, y buena parte aprovecha el fin de semana para recorrer la ciudad. En temporada baja, ese movimiento es oxígeno puro para el sector de servicios.
El campeonato municipal calafateño tiene en las categorías 1600 cc y 800 cc sus principales atracciones, con pilotos locales que ya tienen sus propios seguidores y generan identidad deportiva en la ciudad. Que El Calafate tenga un campeonato propio —y que ese campeonato empiece a traccionar turismo interno— es un logro que merece ser subrayado.
Las finales del domingo son el plato fuerte. Y para los vecinos, el autódromo está a la vuelta de la esquina.



