Este viernes 5 de junio falleció Carlos Alberto «el Indio» Solari a los 77 años en su domicilio de Parque Leloir, en la localidad bonaerense de Ituzaingó. La causa fue el Parkinson que padecía desde hacía más de una década. Con él se va el líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, la banda más convocante de la historia del rock argentino y un fenómeno cultural sin equivalente en la música popular del país.
La confirmación oficial
La noticia fue confirmada durante la mañana del viernes. Según fuentes cercanas, el músico se encontraba junto a su familia al momento de su partida. Desde la Unidad Funcional de Instrucción N° 2 de Ituzaingó se dispusieron las actuaciones correspondientes y el parte oficial fue taxativo: la única causa señalada fue el Parkinson que el artista padecía.
Se realizará una autopsia por protocolo, para dejar establecida formalmente la causa de muerte, aunque las complicaciones derivadas del Parkinson no dejaban dudas sobre el deterioro que venía atravesando en los últimos tiempos. El músico había hecho público su diagnóstico en 2016 y desde entonces vivía en Parque Leloir, alejado de los escenarios pero no del todo de la vida artística.
El origen de una leyenda: de Paraná a La Plata
Carlos Alberto Solari nació el 17 de enero de 1949 en Paraná, Entre Ríos, pero fue La Plata la ciudad que lo formó. Allí, en la bohemia universitaria de los años setenta, el joven que estudiaba Bellas Artes y devoraba a los poetas beatnik empezó a construir el personaje que marcaría la historia del rock argentino.
En 1976, junto a Skay Beilinson, fundó Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. La banda emergió de un grupo de performance artística llamado Pasaje Rodrigo, donde hacían cortometrajes y experimentos visuales. Desde ese origen heterodoxo quedó marcado el ADN de todo lo que vendría: los Redondos nunca fueron solo una banda de rock. Su primer recital fue en 1977.
Durante los años ochenta, los Redondos construyeron una mística que creció de manera exponencial en los márgenes del mercado discográfico mainstream. La banda editó discos que se volvieron emblemas de generaciones enteras, entre ellos «Oktubre» (1986), «Un baión para el ojo idiota» (1988) y «Lobo suelto, cordero atado» (1993). Las letras de Solari —crípticas, poéticas, cargadas de referencias filosóficas y culturales— funcionaban como un código compartido entre los ricoteros: quien las entendía pertenecía a algo.

El fenómeno: una religión popular sin iglesia
Lo que diferenciaba a los Redondos de cualquier otra banda argentina era la naturaleza de su vínculo con el público. No era simplemente un seguimiento masivo: era devoción. El público ricotero no era simplemente un público. Era una comunidad con códigos propios, vestimentas reconocibles y una lealtad que rozaba lo religioso.
El grupo editó nueve álbumes de estudio y logró una masividad arrolladora con convocatorias récord hasta su separación definitiva en 2001. En el año 2000, los Redondos reunieron a 70.000 espectadores en el Estadio Monumental, marcando un hito en la historia de la música argentina.
Tras la separación de la banda, Solari no se retiró. Inició su carrera solista con Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado y llevó esa convocatoria todavía más lejos. Uno de los shows más recordados fue el que dio en Olavarría en 2017 ante 400.000 personas, un recital que lamentablemente terminó con el fallecimiento de un fanático. Ese fue su último concierto multitudinario. Después vino el silencio, el Parkinson y la vida privada en Parque Leloir.
Antes de eso, en septiembre de 2013, cerca de 150.000 personas habían colmado el Autódromo Ciudad de San Martín en Mendoza para una de las convocatorias musicales más grandes de la historia provincial. Aquella jornada fue mucho más que un recital: fue una verdadera peregrinación.
Los últimos años: el Parkinson y la resistencia creativa
A pesar de las adversidades relacionadas con su salud, Solari se mantuvo activo en el ámbito artístico y creativo. En 2020 participó de manera virtual mediante técnicas holográficas. En 2022 dio vida a un nuevo proyecto musical experimental bautizado como El Mister y los Marsupiales Extintos, usando su canal de YouTube para compartir nuevas composiciones inéditas.
Su última aparición pública fue en enero de 2026, a través de un mensaje cuando recibió el Honoris Causa de la Universidad de Buenos Aires. Una distinción que llegó tarde, pero no demasiado tarde.
El legado
El Indio Solari no fue simplemente un músico popular. Fue la voz de una generación que no encontraba su lugar en la Argentina de los ochenta y noventa, y que construyó ese lugar alrededor de un bombo, una guitarra y unas letras que hablaban de resistencia, marginalidad, amor y oscuridad con la misma precisión con que un poeta habla del tiempo.
Su influencia en la música argentina no tiene parangón. Los Redondos formaron a artistas que hoy llenan estadios. Sus canciones aparecen en momentos que las personas eligen para recordar. Y los ricoteros —ese ejército silencioso que existe en cada ciudad, en cada pueblo, en cada rincón del país— hoy lloran a alguien que nunca conocieron en persona pero que los conocía a todos.



