Un nuevo paradigma llega a las áreas protegidas de la Patagonia. La Administración de Parques Nacionales implementó un sistema de permisos turísticos digitales que abre la puerta a nuevos prestadores en áreas como el Glaciar Perito Moreno y los senderos de El Chaltén. Las oportunidades son reales, pero también los interrogantes sobre la carga turística en uno de los sitios Patrimonio de la Humanidad más sensibles del país.
El cambio y sus fundamentos
El Gobierno nacional introdujo una nueva desregulación que elimina trabas y digitaliza los procedimientos para la incorporación de nuevos prestadores de servicios en Parques Nacionales, a través de las Resoluciones 62 y 63/2025 de la Administración de Parques Nacionales. La normativa fue elaborada en conjunto con el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado, con el objetivo de erradicar la burocracia excesiva para la tramitación de nuevos servicios turísticos, estableciendo pautas claras de seguridad y cuidado ambiental.
El caso emblema que el Gobierno usó para justificar el cambio tiene nombre propio y es de acá: el ministro Federico Sturzenegger señaló que el Glaciar Perito Moreno es el ejemplo más claro del modelo anterior. Una sola empresa mantuvo el control de las caminatas sobre el hielo por décadas, elevando los costos a niveles prohibitivos. Según sus cifras, de 500.000 visitantes anuales, solo 50.000 lograron subir al glaciar por la barrera económica. La estrategia oficial es abrir la competencia en las caras norte y sur del glaciar, buscando que los precios bajen de los 300 dólares actuales a un rango de entre 50 y 60 dólares.
Cómo funciona el nuevo sistema
El nuevo sistema permite que cualquier prestador que desee operar en parques como Los Glaciares pueda solicitar permisos de manera digital a través de la plataforma TAD, sin necesidad de competir en licitaciones que antes generaban concesiones exclusivas. El ministro Sturzenegger afirmó que la invitación es abierta a todos los interesados en ofrecer excursiones, actividades recreativas o servicios turísticos, y que el nuevo sistema permite comenzar con propuestas pequeñas y escalar en capacidad.
Uno de los cambios más debatidos es la modificación en el requisito de guías habilitados. La resolución eliminó la obligatoriedad de contar con guías habilitados para todas las excursiones. A partir de la resolución, solo se requerirán en actividades consideradas de alto riesgo.
Los permisos anteriores fueron prorrogados hasta el 31 de mayo de 2026, fecha límite para que todos los prestadores actuales tramiten su habilitación bajo las nuevas reglas.
Las voces críticas: el riesgo sobre el terreno
La medida no es bienvenida por todos. Quienes trabajan a diario en el campo expresaron sus reparos con claridad. Guías de turismo advirtieron que «dejar a los turistas libres en áreas que protegen patrimonio natural, especies autóctonas y fauna vulnerable, sin la conciencia que aportan los guías, puede generar basura, incendios y excesos. No se puede dejar librado a la libertad individual algo que requiere acompañamiento experto».
El debate es especialmente relevante para El Chaltén, donde los senderos del Fitz Roy y el Cerro Torre concentran miles de trekkers por temporada y donde la saturación de algunos circuitos ya es un problema documentado antes de la desregulación.
La postura de la APN
El titular de la APN, Sergio Álvarez, intentó equilibrar el mensaje: «Somos un organismo de conservación, eso no lo podemos dejar, pero también entendemos que el uso público tiene que ser un uso responsable. El modelo de turismo cambió, hoy tenemos un turismo mucho más de naturaleza, de observación, de otro tipo de búsqueda». Sobre los números, fue ambicioso: «Estamos previendo una inversión de 50 millones de dólares en inversión pública y privada en todos los parques nacionales para este 2026».
El desafío local: Patrimonio de la Humanidad bajo presión
El Parque Nacional Los Glaciares, con sede de Intendencia en El Calafate, es Sitio Patrimonio de la Humanidad desde 1981. Esa condición implica compromisos internacionales de conservación que no dependen de las resoluciones nacionales, sino de tratados con la UNESCO. El desafío que se abre desde hoy es precisamente ese: equilibrar la apertura económica que promete bajar precios y generar más oferta, con la preservación estricta que exige uno de los ecosistemas más frágiles y valorados del planeta.
La respuesta a esa tensión no la darán las resoluciones. La darán los senderos, los glaciares y el tiempo.



