«El que come calafate, siempre vuelve»: la leyenda que convirtió a una fruta en el alma de la Patagonia

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Es quizás la frase más repetida en la ciudad que lleva su nombre. Pero detrás del mito hay una historia de amor, pueblos originarios y una fruta silvestre que durante siglos tiñó de azul los dedos y el corazón de quienes cruzaron la estepa.

Cualquier visitante que llegue a El Calafate lo escucha al menos una vez. Los guías lo dicen, los lugareños lo repiten y los comercios lo inmortalizaron en remeras, tazas y postales: «El que come calafate, siempre vuelve.» Pero pocos se detienen a preguntar de dónde viene esa frase y por qué una pequeña baya azul se convirtió en símbolo de toda una región.

La planta y su fruta

El calafate (cuyo nombre científico es Berberis microphylla) es un arbusto espinoso de hoja perenne que crece de manera silvestre en la Patagonia y Tierra del Fuego. Florece en primavera con pequeñas flores amarillas y en verano produce bayas de color azul violáceo, de sabor agridulce, que durante siglos fueron alimento fundamental para los pueblos originarios de la región.

Resistente al frío extremo y a los vientos patagónicos, la planta puede vivir décadas y sobrevive en condiciones donde pocas especies prosperan.

El calafate (cuyo nombre científico es Berberis microphylla)

El origen del mito

La leyenda tiene raíces en la cultura de los pueblos Aónikenk, también conocidos como tehuelches, habitantes ancestrales de la Patagonia. Según la tradición oral, una joven llamada Koonek fue abandonada por su tribu durante una migración invernal, demasiado anciana para continuar el camino. Sola en la estepa, encontró refugio junto a un arbusto de calafate que la alimentó y protegió hasta su muerte. Desde entonces, se dice que el espíritu de Koonek habita la planta, y que quienes prueban su fruta quedan unidos para siempre a esa tierra.

De la leyenda al nombre de una ciudad

Cuando a principios del siglo XX comenzó a desarrollarse el poblado a orillas del Lago Argentino, el nombre fue casi inevitable. La planta crecía por todas partes, era parte del paisaje y de la identidad del lugar. El Calafate fue fundado oficialmente en 1927 y desde entonces lleva el nombre de esa fruta que, según la leyenda, ata a los viajeros a la Patagonia para siempre.

Hoy, cada temporada turística, miles de visitantes de todo el mundo prueban mermeladas, licores, chocolates y helados de calafate, y se van con la promesa o la certeza de que van a volver.

¿Funciona el mito?

Los números parecen darle la razón a la leyenda. El Calafate es uno de los destinos turísticos con mayor tasa de revisita de Argentina. Muchos turistas que llegan por primera vez al Glaciar Perito Moreno regresan años después, algunos varias veces.

Lo que es seguro es que la frase vive, se repite y se cree. Y en una ciudad que construyó su identidad sobre el filo del hielo y el viento, eso ya es suficiente para que el mito valga.

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