El viernes 16 de mayo se levantó la bandera en Dina Huapi y arrancó la sexta edición del rally más atípico de Argentina. Más de 125 vehículos fabricados antes de 1991 iniciaron una travesía de más de 3.000 kilómetros por la Patagonia profunda, con destino final en El Calafate. Sin asistencia, sin rutas fijas, sin garantía de llegar: solo el motor, la ruta y el espíritu de aventura. Se espera su arribo a la ciudad el 24 de mayo.
No es una carrera. No hay podio. No hay premios en dinero. Y sin embargo, es uno de los eventos más esperados de la temporada patagónica. El rally «Locos de la Patagonia» tiene su propia lógica, su propia filosofía y, sobre todo, su propio corazón. «No gana el que llega primero. Gana el que rompió, arregló y siguió… el que ayudó a otro, el que cocinó para todos, el que compartió lo que tenía», define la esencia del evento quien lo organiza. Esa frase lo dice todo.
El rally largó el 16 de mayo desde Dina Huapi, en Bariloche, y terminará diez días después en El Calafate, con 126 vehículos y más de 250 participantes. El único requisito para participar es uno solo y es inapelable: los vehículos deben ser anteriores a 1991.


La ruta: un recorrido patagónico de antología
La caravana avanzará desde Dina Huapi hacia Gualjaina, luego Sarmiento, Los Antiguos, el lago Posadas, una estancia en la zona de la Manchuria, Gobernador Gregores y El Chaltén —donde harán una pausa de dos noches— antes de completar el trayecto final hasta El Calafate.
En 2026 el rally cuenta con una ruta «sugerida» y una ruta «exploratoria»: esta última se desarrollará en algunos tramos donde habrá desvíos para aquellos que deseen aventurarse aún más. Es decisión de cada equipo por dónde ir. En ambos casos no existe auxilio, cada equipo debe ser autosuficiente, y la época del año puede tornar los caminos intransitables.
Barro, ripio, viento patagónico, nevadas en los tramos de altura, noches en pueblos remotos donde muchas veces son los propios vecinos quienes terminan alojando a los participantes. «Son como diez casamientos seguidos», bromea uno de los participantes. Y no es exageración.
Una edición que ya tiene su historia propia
Esta sexta edición arrancó con una historia que resume el espíritu del evento. Uno de los participantes históricos, Roberto Bottino, vio cómo su Citroën Méhari —armado pieza por pieza con años de dedicación— se incendiaba por completo días antes de la largada. En cuestión de minutos, el grupo de WhatsApp integrado por más de 150 personas que en su mayoría ni se conocen se llenó de mensajes. Primero fueron palabras de aliento, después incredulidad, y enseguida una colecta espontánea para que Roberto no se quedara afuera. Bottino va a participar. Dijo que lo hará. Y así, antes de que largara el primer auto, el rally ya había ganado.
Entre los participantes de esta edición hay historias de todo tipo. Valentín Andrés, de 24 años y oriundo de San Rafael, Mendoza, corre en un buggy Cavaro Brinco Súper Sport de 1975, sin techo ni calefacción. Su frase resume la actitud de todos los participantes: «Con techo y calefacción va cualquiera».
Lo que se viene para El Calafate
El Día 9 del rally está programado para el 24 de mayo, cuando la caravana llegue a El Calafate para la cena de «Llegada». El Día 10 —25 de mayo, Día de la Patria— está destinado al descanso en la ciudad y la visita al glaciar.
Para los vecinos y visitantes que estén en El Calafate esos días, la llegada de la caravana es un espectáculo en sí mismo: más de un centenar de autos con historia, con calcos de los kilómetros recorridos y con equipos que vienen de diez días sin ducharse bien, sin dormir cómodos y con el tanque de anécdotas lleno. Una postal que mezcla aventura, nostalgia y la Patagonia en su versión más cruda y hermosa.



